sábado, 1 de mayo de 2010

Violencia en los centros educativos

El fenómeno de la violencia ha adquirido, desde los años `70, una magnitud apreciable en países como EEUU, Suecia, Noruega y Reino Unido. En nuestro país, parece ser que su incidencia es menor pero empiezan a detectarse, cada vez más, manifestaciones preocupantes como consecuencia de la crisis social, cultural, económica y familiar que se está sufriendo. La realidad es muy compleja porque en ella se cruzan factores muy diversos, la investigación y el análisis sobre el fenómeno son aún muy precarios, y las respuestas educativas son igualmente distintas. No se puede afirmar que exista un buen paradigma conceptual desde el cual interpretar, en toda su dimensión, la naturaleza psicológica y social del problema.

Los actos violentos están sujetos a un gran sistema de relaciones interpersonales donde las emociones, los sentimientos, etc... están presentes y forman parte del ámbito educativo. Asimismo, están ligados a las situaciones familiares de cada alumno y al ámbito social de la escuela. El problema comienza cuando se aborda la solución de algún conflicto a través del ejercicio, de la autoridad, del castigo, etc... provocando un clima de tensión en el aula que el profesorado no sabe resolver.

En algunos centros podemos observar como existen una serie de grupos entre los alumnos/as, sobre todo en los centros calificados de "conflictivos". En ellos no suele haber comunicación ni relación entre los alumnos/as que estén fuera de dichos grupos. Los niños, por naturaleza, se encuentran más cómodos con gente que ellos consideran que son de su misma raza (por ejemplo) y éste problema hay que solventarlo de raíz.

Uno de los principales motivos de esta falta de compañerismo entre los niños/as de un mismo centro se debe, en gran medida, a la interculturalidad que existe entre ellos/as. En los centros en los cuales existen alumnos/as de diferentes nacionalidades, etnias o razas son aquellos que, por norma general, presentan más problemas, ya que suelen reunirse entre ellos mismos y aquí comienza el problema descrito con anterioridad: la falta de comunicación entre niños y niñas.


En el patio de recreo, ya apenas se juega a juegos colectivos o en gran grupo. Siempre se hacen juegos que sean practicados por 5 o por 10 alumnos como mucho, y juegan todos por su lado, cada uno en diferentes grupos, por lo que las relaciones entre alumnos/as de otros grupos o cursos apenas se da. Ésto supone una falta total de convivencia entre los niños/as y, por tanto, supone también la ausencia de cooperación entre ellos.